CAPÍTULO 115: LA TRAMPA PERFECTA
—¡Manos en alto! ¡Nadie se mueva! —grita el detective Meléndez al irrumpir en el almacén con su equipo de policía.
La escena ante él es puro caos, el aire huele a pólvora, sangre y desesperación.
Su mirada escanea el lugar con rapidez: Emanuele en el suelo, cubierto de sangre y gritando de dolor, paramédicos apresurándose a contener la hemorragia en su entrepierna. Cuatro de sus hombres sometidos y encerrados en una esquina del almacén.
Y luego su mirada se detie