EPÍLOGO
Cuatro meses después el sol brilla sobre la villa en Toscana cuando los primeros llantos de un bebé rompen la quietud de la habitación.
—Es un niño.
Katherine, exhausta, pero radiante, toma a su hijo en brazos, con los ojos llenos de lágrimas de felicidad.
Anthony, aún con la cicatriz en su costado, mira a su primogénito con orgullo y amor.
—Es perfecto.
Lucy se asoma emocionada.
—¡Mi hermanito!
Giulia y Dimitri están allí también, junto con Andrea y el resto de la familia. Todos reunido