Leonidas había tenido un día largo en el negocio familiar, pero al abrir la puerta del departamento, todas sus preocupaciones se desvanecieron. Apenas cruzó el umbral, Ryle salió corriendo hacia él, su expresión radiante y su entusiasmo palpable.
—¡Mi amor, al fin llegas! —exclamó Ryle, lanzándose sobre los brazos de Leonidas.
Leonidas no pudo evitar soltar una risa al sentir la calidez de su omega. Rodeándolo con sus brazos, lo besó profundamente, saboreando el dulzor de sus labios y notando