Ryle percibió sus mejillas colorearse, y dejando escapar un suspiro enamorado, apenas cerró los ojos por unos segundos. Sin embargo, cuando escuchó algunos pasos acercarse, frunció levemente los labios.
— Alguien viene, Leo — gruñó, haciendo un puchero.
— Oh... Entonces te llamo en un rato, amor. ¿Está bien?
— Sí, te amo mucho.
— Te amo mucho más, Ryle. — Y colgando la llamada en el momento justo, Ryle admiró como su madre se asomaban por la puerta. Una sonrisa que días antes, le comenzó a