El poder almacenar en sus recuerdos la sensación del cuerpo de Leonidas junto al suyo propio, en un reconfortante abrazo nocturno, lo hacía sonreír de una manera trepidante. Él nunca había dormido con nadie más que no fuesen sus padres, e infiernos, el poder descansar en los fuetes brazos de Leonidas , percibiendo su cálida presencia, lo estaba volviendo completamente loco. Loco de enamoramiento, porque sin lugar a dudas, él lograba caer cada segundo más y más.
Se encontraba plenamente hundido