La sonrisa blanca de Ryle resplandeció casi enseguida, y el rostro de Leonidas intentó permanecer sereno; lo cierto es que miles de sensaciones lograron atacarlo prontamente, y tanto como quería reír, deseaba salir corriendo con el pequeño morenito a cuestas. Todo esto, porque él sabía que aquella acción ejecutada por Ryle posiblemente no hubiere sido la más factible para informar a Angela sobre el pronto noviazgo; aunque sin lugar a dudas, aquello se veía venir.
— Lo que quería decirte— um...