Ryle desvió la mirada, por completo avergonzado de que sus amigos pensasen eso de él, e ignorando todas las señales que daba el cuerpo de Leonidas , apunto de hacer erupción, tan sólo encogió sus hombros.
Sin embargo, Leonidas pensaba que los amigos de Ryle , serían una gran molestia. Y Dios, no quería destruir los sentimientos de su precioso omega floreado, al tener que decirle lo imbéciles que éstos eran, y como, por supuesto, se burlaban de su inocencia.
(...)
— Oh, la pase fabuloso, Leo