La omega miró con cautela al chico, entrecerrando los ojos. Ryle parecía infinitamente emocionado, y aquel era un detalle que no se podría pasar por alto. Ella tomó aire, esperando no encloquecer y decirle que, en realidad, no quería escuchar nada sobre el otro sujeto. De igual manera, y aunque ella expresase aquello, el omega no pararía, y es que en su inocente mente, él había pensado que quizá, tras relatarle la maravillosa y dulce historia de amor a su madre, conseguiría ablandarla y que por