— ¿Estás seguro de que no le diste motivo para desconfiar? Porque te aseguro, Liam, si no le hubieras dado motivos, Luiza no estaría así contigo. Pero para ti se está poniendo demasiado duro, viejo. Es muy extraño que nunca apagues el teléfono y de repente salgas, lo apagues y además te demores, pasando la hora, como si estuvieras escondiendo algo y no quisieras que ella llamara para no descubrirlo.
— ¡Hasta tú, Liz! No lo puedo creer, siempre confiaste en mí y ahora también estás desconfiando,