—Quieras o no, sabes que cometiste un delito, ¿verdad? Porque, desde el momento en que animabas a Acacia a perseguir a alguien que estaba casado y que, de ninguna manera, podía ser obligado a querer a alguien en contra de su voluntad, eso es un crimen. Nadie es dueño de nadie.
—Lo sé. Creo que ella merecía tener la oportunidad de ser feliz, al menos una vez en la vida. Vi su sufrimiento de cerca, amándolo sin conquistar su corazón. Eso debe ser demasiado. Vi el dolor que sentía y pensé que la e