—No puedo creer, amor, que ahora estemos unidos en matrimonio —dice Jack—. Es como si un sueño se hubiera hecho realidad en mi vida. Estás tan hermosa… Cuando te vi entrando en la iglesia, me perdí en tus ojos. ¿Cómo puedes ser tan bella? —besa sus manos.
—Ay, Jack, para, que me vas a hacer sonrojar —responde Liz, sintiendo el rubor en sus mejillas.
—Es la verdad, mi amor —insiste Jack—. Hoy tienes una belleza embriagadora que dejaría a cualquiera con la boca abierta. No veo la hora de estar en