Ezekiel y Bernard están al frente, sentados tan quietos como maniquíes.
Bernard está mirando el horizonte.
Ezekiel finge estar absorto en su teléfono.
Ambos hombres están actuando como si nos estuvieran dando privacidad.
Avergonzado, me alejo. —Lo siento mucho —le digo a Kendrew, mientras el pánico me quita el oxígeno de los pulmones—. -No me di cuenta de que me había quedado dormido-.
Los músculos de su mandíbula funcionan como si estuvieran jugando a saltar la cuerda.
Estrecho mis ojos hacia