Capitulo 3: Aparentar

[MAURO]

—Hijo, has estado increíble— Me felicita mi padre y yo tan solo sonrió fingiendo que sus palabras son exactamente el motivo por el cual he aceptado todo esto 《después de todo, busco ser el hijo que siempre quiso, ¿no?》

—Gracias papá, me alegra mucho que este cumpliendo con tus expectativas, además, tengo al mejor maestro, ¿no? — Respondo y mis palabras están llenas de sarcasmo, uno que él no puede percibir.

Él me da un leve golpe en la espalda y se sonríe —Esto era lo que quería de ti, que finalmente fueras un Carballares con todas sus letras y te hicieras cargo de lo que significa serlo— Me dice con ese tono de arrogancia que muchas veces se apodera de él y yo tan solo finjo una sonrisa.

—Me alegra ser el hijo que querías que fuera— Comenta y acomodo mi reloj dándole la señal a Danna que me saque de está situación.

—Querido suegro— Habla ella y se acerca a mi para tomarme de la mano —Si no le molesta, le robare a su hijo un momento y es que quiero bailar con el nuevo presidente de los hoteles Carballares, ¿sí? — Le explica sabiendo perfectamente que mi padre no se negara a esto.

—Por supuesto nuera, y de verdad es una lastima que tu padre no haya podido venir—

—Usted mejor que nadie sabe que se la pasa de viaje— Responde y la ultima sonrisa que le da mi padre antes de que ella me tome de la mano es la contestación sin palabras que ella recibe.

Sin más preámbulos, nos alejamos de todos ellos y vamos a la pista de baile donde los invitados ahora disfrutan de la muisca que toca la orquesta que hemos contratado para está noche —Gracias por sacarme de ahí, no lo soportaba más— Le agradezco en un susurro para que ninguno de los que están a nuestro alrededor puedan escucharnos.

—Es un placer, somos un equipo, ¿no? — Me dice y de repente su mirada se centra en otro sitio.

—¿Qué ocurre? — Inquiero preocupado.

—Ella nos está mirando… ¿no te duele perderla? — Explica y respiro profundo mientras que sus ojos azules se vuelven a centrar en mi.

Cualquier hombre caería rendido ante los encantos de Danna, es sencillamente hermosa, su cabello oscuro hace que esos ojazos que tiene resalten de manera increíble y cada facción de su rostro es perfecta, eso sin mencionar la figura escultural que posee y esa elegancia que puede hacer que todo se vea bien en ella. Tal vez en otro momento de mi vida me hubiera enamorado de ella perdidamente, quizás si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias todo sería diferente, pero lamentablemente las cosas son como son —Es el precio que debo pagar para encontrar la verdad— Respondo finalmente.

—¿Crees que todo esto funcione? — Me cuestiona con dudas y le hago un simple gesto.

—Tiene que funcionar, no hemos sacrificado todo para nada, ¿no lo crees? — Me atrevo a responderle y ella asiente.

—Si… perdón, es que es inevitable no sentir dudas y miedo, sigo creyendo que nos estamos arriesgando mucho— Murmura.

—Ellos nos cuidan, no te olvides— Le digo al oído.

Puedo sentir su preocupación en la manera que está respirando —Solo espero que no terminemos como ellos— Susurra y me separo un poco para mirarla a los ojos.

—Danna, no dejare que te pase nada, ¿sí? — Le aseguro y acomodo su cabello.

—Confió en ti—

—Y yo en ti, no estaría haciendo todo esto si no supiera que te mueven los mismos motivos que a mi… estaremos bien— Le repito como aquel día que comenzó todo esto.

—Lo sé… y disculpa, pero es que por momentos la cobardía quiere ganarme— Se defiende y sonrió.

—Es normal, los dos teníamos una vida muy tranquila antes de todo esto— Le aliento y asiente.

—¿Podemos irnos de aquí? Estoy cansada— Me pide y me acerco a su oído una vez más.

—Podemos escaparnos, después de todo, todos piensan que estamos locamente enamorados y que iremos a comernos a besos a la suite donde nos estamos quedando está noche— Le susurro para disimular.

—Entonces escapémonos— Accede y sin decir una sola palabra más, la tomo de la mano para que juntos atravesemos este enorme salón hasta salir del mismo y llegar al elevador.

Conocemos muy bien cada detalle de cada hotel y sabemos que las cámaras de seguridad nos llevan a continuar con nuestro teatro y de esta manera lo hacemos fingiendo unos besos de aquellos que se dan las parejas cuando la pasión comienza a apoderarse de ellos y la urgencia por llegar a la habitación se hace cada vez mayor. Danna y yo somos dos actores improvisados que al salir del elevador fingen reírse mientras corren a la puerta de la suite y una vez allí un nuevo beso fingido se hace presente mientras abro la puerta.

Los dos sabemos muy bien que no podemos fallar ni un solo instante, que, si lo hacemos todo se ira a la basura y todo este esfuerzo no habrá valido la pena, eso sin mencionar el peligro que corremos si todo esto sale a la luz. Está claro que el plan B siempre estará allí, pero esa es la ultima opción, uno que no podemos utilizar al menos que sea un caso de vida o muerte.

—Por fin— Dice cuando cierro la puerta detrás de nosotros y respiramos un poco más aliviados al saber que ya no hay nadie más observándonos.

—Por fin— Repito y me siento en el borde de la cama intentando recuperarme de todo lo que ha ocurrido esta noche.

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