POV Elías
Odio las pelotas de pilates.
Son esferas inestables, de colores chillones, que ocupan un espacio absurdo y huelen a goma barata. Y, sin embargo, aquí estoy. Sentado en una colchoneta azul en el suelo de un gimnasio reconvertido en "Espacio de Conexión Prenatal", rodeado de cinco parejas que parecen salidas de un anuncio de yogur bio y doce pelotas gigantes.
Me siento ridículo. Llevo mis pantalones de traje (me he quitado la americana y la corbata, dejándolas dobladas con precisión en