―Lo siento, no quise asustarte. ―Le sonrió en cuanto bajó la ventanilla.
―Casi me sacas a mi hijo antes de tiempo. ―Resopló tomando sus cosas para finalmente abandonar el coche. ―¿Qué haces aquí, Oliver? ―El aludido alzó las cejas.
―¿No puedo venir a desayunar con mi amiga a la cafetería de un hospital? ―Nick sonrió.
―Esos gustos tuyos me dan miedo. ―Bromeó. ―¿No podías llamarme e invitarme a un restaurante como una persona normal? ―Oliver se encogió de hombros.
―No soy muy normal que digam