Al principio, Roman estaba sonriente, lleno de confianza.
Sin embargo, rápidamente se dio cuenta de que algo no estaba bien.
La fuerza de Pedro era mucho más grande de lo que había anticipado.
Sintió oleadas de un poder aterrador que se acercaban como una marea, tanto que sus palmas empezaron a crujir.
Como si en cualquier momento pudieran ser aplastadas.
La expresión de Roman cambió drásticamente, y finalmente no pudo contenerse más. Lanzó un puñetazo poderoso, tratando de repeler a Pedro.