—¿Todos lo han visto, cierto? —Pedro miró a su alrededor con una expresión indiferente. —Erik, cegado por la codicia, no dudó en matar a su propio padre para ascender. ¿Se puede matar a tal bestia? ¿Se debe matar?
Sus palabras dejaron a todos sin habla.
La familia Solís, que hasta hace un momento estaba furiosa, ahora se quedó completamente sin voz.
Eulogio tenía el rostro sombrío y una expresión muy fea.
Oso, por su parte, se quedó parado en su lugar, murmurando para sí mismo:
—¿Cómo puede ser