El tiempo, poco a poco, se iba esfumando.
Pronto, la entrada de la Mansión Stormy estaba ya repleta de gente.
A la vista, un mar de personas, miles y miles.
Los que debían estar ahí, y los que no, casi todos habían llegado.
Algunos venían a censurar, otros a mirar el espectáculo, algunos más a unirse a la algarabía y había quienes se regodeaban en la desgracia ajena.
Era bien sabido por muchos que, si Pedro lograba superar este obstáculo, su futuro estaría lleno de éxitos.
De lo contrario, un ta