Con un crujido, Marisol fue lanzada por los aires, girando dos veces antes de caer estrepitosamente al suelo.
Al abrir la boca, perdió dos dientes y la sangre brotaba de su nariz.
¡Silencio! De repente, el lugar quedó en completa calma.
Todos los discípulos del Palacio de Jade quedaron boquiabiertos, como si hubieran visto un fantasma.
Nunca imaginaron que su respetada hermana mayor, que se había ofrecido amablemente e incluso había dado un beso, sería lanzada por un hombre.
¡Ella era la de