—Hija, ¿cómo puedes ser tan necia? —dijo Yolanda con voz llena de preocupación—. Si te casaras con Valente, ¿no tendrías todo a tu disposición? ¿Quién se atrevería a molestarte?
—Si voy a ascender, lo haré por mis propios méritos, no quiero aferrarme a ningún personaje importante —Leticia sacudió la cabeza.
—Esta niña... —Yolanda lucía frustrada, pero impotente.
—Basta ya, basta ya, una fruta forzada no es dulce, déjalo ser —aconsejó Yvonne.
En ese momento, su corazón ya estaba lleno de alegría.