Al atardecer, dentro de una habitación del hospital. Pedro, después de haber dormido un rato, finalmente se despertó. Sin embargo, en el momento en que abrió los ojos, una voz sorprendida resonó en sus oídos.
—¿Pedro, en serio no has muerto?
Pedro miró en dirección de la voz y vio a Irene sentada junto a él, mirándolo atónita.
—¿Qué pasa? ¿Parece que te decepcionaría si no muero? —dijo Pedro con cierta irritación.
—No es eso, solo estoy un poco sorprendida.
Irene sonrió incómoda.
—¿Y mi hermana?