En ese momento, en otra habitación del hospital, Salvador yacía inconsciente con un rostro inusualmente pálido. Yolanda, junto con varios miembros de la familia García, se encontraban reunidos susurrando entre ellos, discutiendo el siguiente paso a tomar.
—Es extraño, ¿cómo es que el anciano se puso tan mal de repente?
—¡Exacto! Siempre ha parecido fuerte y sano, no esperaba que cayera tan rápido. ¡Es como si la enfermedad se le viniera encima como una avalancha!
Un aire de pesar llenó la sala.