—¡Suéltenlo! ¡O morirá!
Al ver a Pedro retenido, el rostro de Consuelo se enfrió de repente, y una oleada de aura asesina surgió instantáneamente.
En ese instante, un viento helado se levantó.
La temperatura alrededor cayó drásticamente, incluso las luces comenzaron a parpadear.
Los discípulos de Sectas Blancas y Negras que yacían en el suelo temblaban como si hubieran sido golpeados por un rayo.
Si antes Consuelo solo planeaba darles una lección, ahora, había surgido en ella el deseo de matar.