Mirando la expresión airada de Leticia y escuchando sus palabras ásperas, Pedro se quedó paralizado, sin palabras. El licor que le habían arrojado en la cara se deslizaba por su barbilla, goteando lentamente al suelo. Era una imagen un tanto patética. Había creído que la relación entre ambos había empezado a mejorar, pero ahora se daba cuenta de cuán frágil seguía siendo, como si estuviera hecha de papel.
—¿Así que crees que estoy tratando de incriminarte a propósito? —Pedro frunció el ceño, su