En las afueras de la capital provincial, dentro de una base militar.
Miles de soldados, alineados ordenadamente.
Desde generales hasta oficiales, todos se mantenían erguidos.
Mirando alrededor, era un mar de personas, con una presencia extremadamente imponente.
Además de las tropas regulares, muchas figuras importantes de los círculos militares y políticos ya habían llegado.
Todos miraban expectantes, con cierta tensión en sus rostros.
—General, ¿realmente vendrá hoy la Diosa de la Guerra?
En la