En ese momento, en una mesa junto a la ventana del Hotel Genting, Yolanda y su hijo Andrés no dejaban de criticar sin piedad.
—¿Quién podría imaginar que ese inútil de Pedro llegaría a ser jefe? ¡Dios verdaderamente está ciego! —resopló Andrés con marcada irritación.
—¡Es solo un vividor, un donjuán sin valor alguno! ¿Dónde estaría si la Señorita Estrella no lo hubiera apoyado? —escupió Yolanda con desdén.
—¡Exacto! Una vez que la novedad de Pedro pase para Señorita Estrella, lo pateará a la ace