—¿Qué?
Las palabras de Gedeón, tergiversando la verdad, hicieron que el rostro de Pedro se ensombreciera, y un destello asesino cruzó por sus ojos.
A estas alturas, todavía intentaba difamarlo.
¡Qué despreciable!
—¿Así que estás difamando a la gente, eh? ¡Te mataré! —Josué, sorprendido inicialmente, se llenó de ira, sacó un cuchillo y se dispuso a atacar.
—¡Srta. Leticia! ¡Sálvame! —Gedeón, asustado, se apresuró a esconderse detrás.
—¡Espera! —Leticia avanzó dos pasos, interponiéndose frente a J