—¡No! ¡Imposible! En ese año solo tenías seis años, y además, ¡ya te habías dormido! —Zenón negaba frenéticamente con la cabeza.
—Si no hubiera fingido dormir, ¿no me habrías matado ya? —replicó Zoraida.
—¡Tú! —Zenón se quedó sin palabras.
No podía creer que su reputación de toda una vida hubiera sido engañada por una niña de seis años.
—Ahora que ya sabes la verdad, es hora de morir —Zoraida reveló de nuevo su sonrisa.
—¡Espera! ¡No puedes matarme! —Zenón, en pánico, replicó rápidamente—. No lo