Lizbeth y Estrella, junto con otros, se encontraban tanto sorprendidos como furiosos. Era evidente que los bandidos acababan de actuar con la intención de matar. Incluso un guerrero con gran habilidad habría muerto en el acto, ¿qué se podía esperar entonces de Teodoro, un hombre común?
—Este viejo... Arruinó mi ropa —dijo uno de los bandidos, quitándose la sangre de su pantalón con una expresión de disgusto.
—¡Voy a luchar contigo! —Lizbeth, con los ojos llenos de furia, recogió un cuchillo cort