—Hoy, te mostraré lo aterradora que puede ser la fuerza que he acumulado durante tres años.
Mientras Mariano hablaba, se quitó la ropa, revelando debajo pesados hierros.
Esos hierros, pieza por pieza, cubrían gran parte de su cuerpo como una armadura.
Incluso sus manos y pies estaban cargados con el peso del hierro.
Bajo las miradas incrédulas de todos, Mariano se quitó los hierros, dejándolos caer al suelo uno a uno.
El sonido pesado al golpear el suelo hacía estremecer a cualquiera.
—¡Carajo!