Viendo a Ángelo volar de repente y luego caer con fuerza, todos quedaron petrificados.
Uno a uno, abrieron los ojos de par en par, como si hubieran visto un fantasma, con rostros llenos de terror.
Nadie esperaba que Ángelo, tan arrogante hasta hace un momento, cayera así.
Y además, derribado de un solo puñetazo.
¿No tenía piel de cobre y huesos de hierro?
¿No era su fuerza abrumadora?
¿Por qué resultó ser tan débil?
—¡Imposible!
En ese instante, la sonrisa en el rostro de Maritza ya había desapa