—Muchacho, debiste haber escuchado sus consejos y escapado, pero lamentablemente, ya no tienes oportunidad.
Ángelo se acercaba cada vez más, ya estaba a menos de cinco metros.
Esta distancia era su rango de ataque ideal, imposible para el otro huir.
—¿Dije algo sobre huir? —Pedro con una expresión serena.
—¿Qué pasa? ¿Después de oír mi nombre, todavía piensas resistir? —Ángelo con una mirada desdeñosa.
—¿Resistir? No, no, no, te equivocas, solo planeo tumbarte —Pedro corrigió.
—¿Tumbarme a mí? —