Pedro entró con paso firme a través de la puerta, su mirada era fría y aterradora.
Desde que vio el mensaje de texto de Leticia, sabía que algo malo estaba pasando, así que vino lo más rápido que pudo.
—¡¿Cómo es que estás aquí?!
Floro, con las pupilas dilatadas y asustado, retrocedió varios pasos.
—¿No me llamaste para que viniera? Ya estoy aquí, ¿qué piensas hacer? —Pedro comenzó a acercarse lentamente.
—¡Alguien! ¡Rápido, alguien! —Floro gritaba desesperadamente.
Sin embargo, lo extraño era q