—¿Han entrado? —El rostro de Estrella cambió de inmediato—. ¡Rápido! ¡Llámenlos para detenerlos!
Antes de que se revelara la verdad, no permitiría que se llevaran a su padre.
—¡Espera! —Valentín repentinamente intervino, deteniendo al mayordomo que estaba por irse—. ¡Déjenlos entrar! ¡Nadie debe impedirlo!
—¡Papá! ¿Qué estás haciendo?
Estrella frunció el ceño.
—Si no he hecho nada, ¿por qué tendría miedo? —declaró Valentín con voz firme.
—Pero...
—¿No lo has pensado? Si actuamos ahora, no podré