—¡Aunque te incomode, incomódate, pero hoy nadie puede tocar a Pedro!
Estrella no cedía ni un solo ápice.
Ante sus ojos, su hombre era más importante que todo.
No importaba si había sido injustamente acusado, incluso si realmente fuera culpable, ella lo defendería con uñas y dientes hasta el final.
—¡Insolente! —Jovito, enojado, exclamó—. ¿Quién te crees para interferir en los asuntos de la familia? ¡Llamen a alguien y lleven a Estrella a su habitación!
—¡Sí, señor!
Varias mujeres, sin dudarlo,