El hombrecillo esbozó una sonrisa siniestra y lanzó con fuerza el cadáver de Luciano contra la pared, dejando una mancha sangrienta.
—¡Luciano! —Jacinto levantó el cuerpo sin vida de su hermano, sus ojos se llenaron de ira y dolor, rugió—. ¿Cómo te atreviste a matar a mi hermano? ¡Voy a destrozarte en mil pedazos!
Al terminar de hablar, se abalanzó como un león enfurecido.
El hombrecillo rió fríamente y propinó una patada directa en el pecho de Jacinto.
Jacinto salió volando como si un camión