—Deja, deja, ya que acabáis de hacerme un favor, os doy esta oportunidad. Si la valoráis, pues allá vosotros.
Paco movió la cabeza con un aire de pretendida sabiduría, como si supiera que se arrepentirían más tarde.
Pedro y Adolfo se miraron y sonrieron, sin decir palabra.
—Vámonos, si nos hemos encontrado es por algo. Hoy os acompañaré a la montaña para evitar cualquier peligro.
Dicho esto, Paco se puso las manos detrás de la espalda y avanzó.
—¡Qué afortunados sois de poder caminar junto a mi