—¿Pedro? ¿Cómo podría ser él?
Al conocer la verdad, Yolanda y los demás intercambiaron miradas incrédulas.
Jamás se les ocurrió que el salvador de Paula no sería Francisco, sino quien consideraban un ingrato.
¡Era una bofetada directa a sus caras!
—Entonces, ¿Pedro nunca incriminó a Paula? ¿Ustedes lo han difamado intencionadamente?
Leticia permanecía estática, su rostro pálido como papel.
—¿Quién lo ha difamado? Pienso que actúa con culpabilidad, reconociendo su error y busca compensarlo —cont