Mansión de Ponce.
—¡Papá! ¡Te imploro que ayudes a Pedro, o morirá! —Pilar se arrodilló en el suelo, suplicando.
—¡Humph! ¿Todavía tienes el descaro de interceder por él? ¡Ese hombre mató a Manuel, es un delito imperdonable! Nicolás ya ha movilizado a las fuerzas de élite de la ciudad Rulia; hoy, nadie podrá salvarlo. —Héctor replicó con frialdad.
—¡Papá! Pedro me ha salvado varias veces. ¡Por mi bien, ayúdale esta vez!
Las lágrimas fluían sin cesar en los ojos de Pilar.
Desde que habí