—¿Este tipo se atreve a venir? ¡Realmente está pidiendo a gritos su muerte!
—Valiente, pero desgraciadamente estúpido.
La multitud se agita, con expresiones diversas.
—¿Eres tú, Pedro? —Nicolás avanza un paso, su voz resonante como un trueno.
—Sí, soy yo.
Pedro mantiene la calma.
—¿Mi hijo Manuel fue asesinado por ti?
Los ojos de Nicolás destellan peligrosamente.
—Sí.
Pedro asiente de nuevo.
—¡Habla de rodillas! —grita Nicolás enojado.
—¿Hacerme arrodillar? No eres digno —dice Pedro con indifere