—¿Qué? ¿Cómo es posible?
El rostro de Héctor cambió al instante, y se levantó de un salto.
—No lo sé, esta mañana, cuando fui a despertar a la señorita, la encontré inconsciente y helada.
El guardaespaldas estaba muy nervioso.
Sin esperar a que terminara de hablar, Héctor y Angela ya habían salido corriendo, apresurándose hacia la habitación de su hija.
Sin embargo, al abrir la puerta, ambos recibieron un tremendo susto.
Allí yacía Pilar, inerte en la Cama de Jade.
La Cama de Jade, a