—Son muchos, pero no les tengo miedo. ¡Quiero ver a cuántos de ustedes puedo matar hoy! —Ante las continuas provocaciones, Consuelo no dijo más y levantó su espada, lista para atacar, mostrándose especialmente furiosa.
Sin embargo, antes de que pudiera golpear, Pedro la detuvo: —Consuelo, no seas imprudente.
Con el temperamento de Consuelo, naturalmente no temía matar, pero si lo hacía, las consecuencias serían graves. Las personas frente a ellos eran altos funcionarios y nobles de Ciudad YJ,