Consuelo era una verdadera estrella en ascenso del país, una figura que en el futuro tendría un poder inmenso en la corte. Mario, por otro lado, era solo un guerrero; ¿cómo se atrevería a ofender a alguien así? Aunque pudiera ganar, no se atrevería a pelear.
—¿Por qué no dices nada? Hace un momento parecías muy valiente. Si tienes agallas, pelea conmigo y muestra cuánta fuerza tienes— Consuelo continuó su provocación con un rostro frío.
Por un momento, todas las miradas se centraron en Mario.