Estrella y Leticia se miraban fijamente, cada una desafiando a la otra con una mirada que era un verdadero duelo.
Dos mujeres de diferente belleza, pero igualmente atractivas, en ese momento exhibían un fuerte deseo de vencer.
—Srta. Estrella, no quiero entrar en una disputa contigo, el bien y el mal serán juzgados por todos. Ustedes han tomado nuestra habitación y si no están dispuestas a dejarla, no me culpen si llamo a la policía —dijo Leticia, nuevamente, su tono era calmado pero firme.
—¿A