Un sonido de carne desgarrándose resonó en el aire.
Peter, sin ningún aviso previo, atravesó el pecho de Hilario con su cuchillo, de lado a lado.
La sangre, deslizándose por la punta del cuchillo, caía gota a gota al suelo.
Hilario quedó paralizado, bajando la mirada hacia el cuchillo que penetraba su pecho, su rostro mostraba incredulidad total.
Nunca hubiera imaginado que su hermano menor, su propio pariente de sangre al que tanto valoraba, pudiera atacarlo de repente con un cuchillo. Y men