—¡Tío! ¡No te metas! ¡Ellos son mis amigos!
Pilar se asustó y extendió sus brazos para protegerlos.
—¡Humph! Todos son una pandilla de malas compañías, no parecen buena gente, ¡apártate! —Hilario ordenó con voz severa.
—¡No lo permitiré! ¡Ellos son inocentes! ¡No puedes lastimarlos! —Pilar argumentó con firmeza.
—¡No hemos hecho nada, todo esto es un malentendido! —Carmen se apresuró a explicar.
—¡Sí, sí! Tu hija resultó herida, fue un accidente, ¡no tiene nada que ver con nosotros! —Todos estab