La gente señalaba y murmuraba entre susurros, asombrados por la temeridad de Pedro.
Un simple pedido de disculpas habría resuelto el problema, pero insistió en complicar las cosas.
Ahora, Sabrina ha terminado así, o con miembros rotos o enterrada viva.
Pedro, con otra bofetada, tumbó a Sabrina al suelo y preguntó:
—¿Quién diablos eres?
El rostro de Sabrina se torció completamente, sintiendo que el mundo giraba, mareada y confundida, sin poder orientarse.
—¡Detente!
En ese momento, la directora d