Una escena inesperada sobresaltó a todos.
Nadie habría imaginado que alguien se atreviera a golpear al hijo de Sabrina.
Es bien sabido que Sabrina es notoriamente tiránica en esta zona, nadie se atreve a provocarla.
—¡Ay! ¡Mi hijo!
Después de un breve momento de asombro, Sabrina gritó alarmada y corrió apresuradamente a levantar a su hijo, que estaba mareado y confundido.
En ese momento, el pequeño gordito tenía la nariz torcida, la boca sangrando, y hasta había perdido dos dientes frontales.