—Es hora de tomar la medicina.
Mientras Pedro charlaba con Rodolfo, una voz femenina, clara y resonante, interrumpió.
Se vio a Estrella, con una figura esbelta, acercándose con un tazón de barro humeante en sus manos, avanzando graciosamente.
Ella, con una sonrisa encantadora y mejillas sonrosadas, cuidadosamente acercó la medicina a los labios de Pedro.
—Vamos, esposo, toma tu medicina.
...
Pedro sintió un tic en la esquina de su ojo.
Esta escena, ¿por qué le resultaba tan familiar?
—Esposo, ¿q