Solo podía abrazarla fuertemente, sintiendo su calor corporal, inhalando el aroma que emanaba de su ser. No fue sino hasta ese instante que su corazón, suspendido en el aire, finalmente se asentó completamente.
—Estar vivo, qué maravilla —Pasado un buen rato, Pedro murmuró suavemente esas palabras.
—Ya, ya está bien, suéltame, casi no puedo respirar.
Estrella sonrió comprensivamente y le dio unas palmaditas en la espalda a Pedro. Aunque disfrutaba del momento, el abrazo era demasiado apretado.
—